Via Antonio Sforza

Nació en Otranto el 17 de junio de 1891, hijo de Francesco Sforza, jefe de estación. Estudiante aplicado del seminario arzobispal, recibió una formación tan austera como excelente por parte de los profesores religiosos de la época. Entre las cualidades que se le reconocieron destacaban la pasión por la poesía clásica y un profundo sentido de religiosidad, fundido con una concepción ética de la vida. Su primer acercamiento a la poesía tuvo lugar en Venecia, adonde se trasladó por su cargo administrativo en Correos, y donde conoció a Vittorio Locchi, con quien entabló una fuerte amistad. Gracias a él, ingresó en la “Tavolissima”, un grupo de amantes de la poesía a través del cual conoció a muchos poetas de principios de siglo. En aquel tiempo era fuerte la influencia de Pascoli y de D’Annunzio, así como la tendencia al nacionalismo y al intervencionismo, corrientes que inspiraron la primera obra de Sforza, fechada en 1915 y titulada El nacimiento del alemán o el diablo creador, cuyo texto estaba impregnado de la propaganda belicista de ese período histórico.

Mientras Locchi y los demás amigos partían hacia la guerra, él fue declarado no apto debido a un grave defecto de la vista que lo llevó a perder por completo el uso del ojo izquierdo.

El conflicto militar causó pérdidas considerables. En este clima de dolor, Sforza dio vida a la canción «Mamma, che vegli, preghi, piangi e benedici», un testimonio intenso de aquella memoria que lo llevaba a los años transcurridos, entre esperanzas e ilusiones, en su tierra natal. De gran fuerza son los versos: «Oh, cómo hacia tus blancas / pequeñas casas abiertas al mar / mi lejana Otranto / corre anhelante el pensamiento», en los que se perciben con claridad el apego y el sentido de pertenencia que inspiran al autor.

Los diez años siguientes fueron los de su producción más fecunda y estuvieron influidos no solo por los acontecimientos de la guerra mundial, sino también por la muerte del amigo Locchi, caído durante el naufragio del Minas, un transporte de tropas con destino a Salónica. En 1927 se completó el camino hacia la ceguera, lo que lo llevó a regresar a Otranto completamente ciego, donde retomó su labor de composición en dialecto. En 1931 compuso los Esercizi de lingua Otrantina, de los que procede el epígrafe: «Nuddha lingua aggiu studiata / E de nuddha sacciu nienti / Sulu quiddha del lu tata / Me sta scioca ntra li dienti -No he estudiado ningún idioma/ y no sé ninguno/ excepto el de mi padre/ que juega entre mis dientes.». En septiembre de 1943, indignado por el giro italiano respecto al aliado alemán, se alistó, aprovechando su ceguera como aerofonista en Bolonia.

En 1946, terminada la guerra, regresó a Otranto y se estableció en el pequeño pueblo de Uggiano La Chiesa. El año 1949 fue el de Utrantu mia, una colección de sonetos que concluye, de forma significativa, con la reproducción del texto de la lápida empotrada en la iglesia de San Francisco de Paula, en la colina de la Minerva en Otranto. En 1957, en Brindisi, recitó en el teatro principal La Sagra di Santa Goriza con motivo del 40.º aniversario de la muerte del nunca olvidado Vittorio Locchi. Entre septiembre y octubre de 1957, Sforza compuso La ciudad del llanto, en la que destacó el valor de los ciudadanos muertos durante el saqueo de la ciudad y el abandono al que fueron injustamente condenados por la posteridad.

Murió el 19 de enero de 1979.

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