Via Antonio Primaldo

Antonio Pezzulla fue el primer otrantino en ser decapitado por el verdugo Berlabei, tras la invasión turca de 1480. Antes de la ejecución, tomó la palabra y declaró que todos sus compañeros creían en Jesucristo y preferían mil veces perder la vida antes que renegarlo.

La tradición narra que permaneció en pie sin cabeza hasta que el último de sus compañeros cayó al suelo. Al presenciar este acontecimiento extraordinario, Berlabei se convirtió al cristianismo y fue empalado junto con los Mártires de Otranto.

El canónigo Bernardino de Alessandro, el primero de los diez testigos llamados a declarar en el «Primer Proceso Canónico Otrantino» de 1539, refirió que «uno de ellos, ya bastante anciano, dirigiéndose a los demás, pronunciaba palabras de exhortación: “Hijos y hermanos míos, este es el día que debemos a Cristo. Que cada uno, por amor a Él, lo soporte con paciencia y buen ánimo, pues recibiremos la corona del martirio.”»

En el mismo proceso, los dos conciudadanos otrantinos Giovanni Leondario y Giovanni Longo, testigos presenciales de los hechos, lo recordaron con el nombre de maestro Grimaldo, de edad avanzada y con el oficio de zapatero. En las redacciones más cercanas al texto original de Laggetto, fue indicado como Antonio Grimaldo, «cardador de paños», nombre que posteriormente se transformó en Antonio Primaldo.

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